DiegoCruz

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El objeto cotidiano, no solo es un bien de consumo, es a su vez un bien de decoración y por tanto, se constituye en un reflejo de una vida que transita en aparente calma, y sin embargo nos permite observar que la concepción del mundo interior ha variado con el paso del tiempo, al evidenciar que no solo basta con alimentarse o vivir en función de la sobrevivencia natural, sino que se vive también en función de la imagen que se proyecta hacia los demás, es decir, en un espejo que existe en la retina de otros y en ese sentido, los objetos representan una cultura en la cual los roles sociales, identifican una era en donde nada es lo que aparenta ser. 

 

El ser ha extraviado además sus tradiciones ancestrales, y se desenvuelve en la actualidad bajo patrones de conducta impuestos por los demás, siendo relevante en la obra la exposición de aquello perdido, en este caso con la simbología de la rana que en esencia es el mismo ser humano; además la ausencia de color constituye la idea del ser real, sin máscaras, sin maquillaje en su esencia más pura, y que a pesar de que el batracio en una sociedad civilizada, es un índice de aquello que bajo una idea tradicional no debe ser expuesto, sin embargo al ser observado en ese espacio, no se puede negar su existencia y en la forma como se involucra con los objetos cotidianos, constituye un reflejo de la búsqueda de una verdad que trasciende a lo material.